Si te lastiman o rompen el auto paga la concesionaria de la autopista

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SINTESIS

Corresponde revocar la sentencia y hacer lugar a la demanda entablada contra la concesionaria vial, con motivo del accidente de tránsito provocado por el impacto de una piedra, cuando la actora y su acompañante transitaban por una autopista, toda vez que se tiene por acreditada la existencia del hecho, sin que la emplazada haya probado eximente alguna como proveedora del servicio.

Mal podrían hacerse prevalecer frente al usuario disposiciones del marco regulatorio de la concesión que le otorguen una protección menor a la que dimana de la propia Ley 24.240 , pues el vínculo que liga al usuario con el concesionario es de derecho privado, y constituye una relación de consumo en los términos de los arts. 1 y 2 de la Ley 24.240.

 

Fue el dependiente de la demandada- operador de turno- quien constató en la casilla de peaje, que los ocupantes del vehículo sufrieron la rotura de una de sus ventanillas, como así también corroboró que había una persona herida, no desconociendo la accionada que mantuvo una vinculación laboral con aquel, ni propuso citarlo a prestar declaración testimonial; por lo tanto, la falta de declaración de los dependientes que trabajaban esa madrugada en la estación de peaje y la falta de presentación de los libros obligatorios que reportan las incidencias diarias, no pueden sino redundar en contra de su postura defensiva, pues de conformidad con el art. 53 de la Ley 24.240 si esas pruebas no son acompañadas por el proveedor, dicha circunstancia constituye un indicio en su contra, que permitirá presumir los hechos alegados por la contraria.

La responsabilidad de la concesionaria de rutas por el daño que sufra el usuario es de carácter objetivo, ya que asume un carácter de seguridad por resultado, consistente en que aquél debe llegar sano y salvo al final del recorrido, en consonancia con el principio de buena fe que integra la convención y permite interpretarla, al igual que el deber de custodia que sobre aquella recae.

Aun cuando el accidente ha afectado la estética de su rostro dejando una pequeña cicatriz, lo cierto es que para el tipo de actividades que realiza la actora no es relevante su aspecto estético, mientras que las molestias y disgustos derivados de la propia fealdad resultante de las mismas, deberá ser valorado al momento de analizar la partida relativa al daño moral.

En la especie los intereses se devengan desde el día en que se produjo cada perjuicio objeto de resarcimiento, vale decir, a partir del momento que se hubiere concretado el menoscabo económico o el desembolso (conforme fallo plenario in re Gómez, Esteban c/ Empresa de Transportes s/ daños y Perjuicios pub. en L.L. 93-668). Sin embargo, la tasa activa debe regir recién a partir del pronunciamiento, ya que de imponerse esos intereses desde el origen de la mora, se consagraría una alteración del capital establecido en la sentencia, configurando un enriquecimiento indebido; por ello, desde el momento de la mora y hasta el presente pronunciamiento, los intereses serán calculados a la tasa de interés del 8% anual, que representan los réditos puros y, desde entonces y hasta el efectivo pago, a la tasa activa cartera general.

El art. 1746 del nuevo código CivCom. resulta directamente aplicable al caso, en tanto no se refiere a la constitución de la relación jurídica – obligación de reparar-, sino solo a las consecuencias de ella – art. 7, del citado código-, y si bien conduce necesariamente al empleo de fórmulas matemáticas para evaluar la cuantía del resarcimiento por incapacidad, no corresponde otorgar a la víctima, sin más, la suma que en cada caso resulte de la aplicación de la fórmula mencionada, sino que ella servirá simplemente como pauta orientadora para, a partir de allí, arribar a un justo resarcimiento según las circunstancias de la causa (del voto del Dr. Sebastián Picasso por sus fundamentos- mayoría).

Debe fijarse la tasa activa desde el momento en que se causó cada perjuicio, pues la sola circunstancia de haberse fijado las partidas indemnizatorias a valores actuales no configura la excepción contemplada en el último párrafo de la parte dispositiva de sentencia plenaria Samudio de Martínez, Ladislaa c/ Transportes Doscientos Setenta S. A. s/ daños y perjuicios , del 20/4/2009 (del votoen disidencia del Dr. Sebastián Picasso).

 

 

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